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LA MATANZA DE PANDO Y EL INFORME DE UNASUR
Pedro Portugal Mollinedo
http://www.periodicopukara.com
A través de Rodolfo Mattarollo la Unión de Naciones Sudamericanas, UNASUR, presentó el 3 de diciembre su informe sobre los enfrentamientos sucedidos en Pando, Bolivia, este 11 de septiembre.
Este informe es neto y categórico: Para UNASUR no se trata de un enfrentamiento, sino de “ejecuciones sumarias o extralegales” realizadas por personeros de la prefectura del departamento de Pando.
El informe detalla datos “que generan la convicción de que existieron torturas y tratos crueles efectuados de manera masiva y sistemática por los sectores cívicos y prefecturales en contra de los campesinos”. El documento insiste en datos como que un cadáver ‘tenían la lengua y las orejas cortadas, les sacaron dientes y a uno le habían vaciado un ojo” y que “mataron a una campesina con un bebé de meses en sus brazos. Les dispararon a los dos y quedaron allí tirados”.
Como corolario, este informe señala que el trasfondo profundo de esta masacre fue el racismo: “Se desencadenó una clara persecución a un grupo con colectividad, con identidad propia, fundada en motivos raciales, nacionales, étnicos, culturales y sociales”.
Aparentemente, este informe debería satisfacer a quienes están identificados con las luchas y derechos de los pueblos originarios. Desde ya, individuos y agrupaciones llenan los medios informales de comunicación con denuncias que repercuten esta “nueva masacre” de que son víctimas los indígenas en Bolivia. El mismo presidente de Bolivia, Evo Morales, indicó a la prensa que “…No es ningún enfrentamiento, sino es una masacre (…) Una investigación científica sobre la masacre. Y lo que dijimos se verifica con esta investigación…”
Sin embargo, este informe, sus antecedentes y sus consecuencias, no coadyuvan en nada a los intereses históricos y políticos de los pueblos indígenas y son más bien parte de la tramoya colonial que sigue vigente en Bolivia y en los países de este continente.
No voy a soslayar la realidad atroz de muertos y mutilados indígenas y campesinos en Pando. No voy a apuntalar la tesis según la cual no habría racismo en Bolivia, cuando este se manifiesta en nuestras tierras en expresiones cada vez más cruentas. Lo que voy a contradecir es la interpretación que se da a estos hechos.
Tampoco me detendré en las inconsecuencias y quiebres del informe del señor Rodolfo Mattarollo, aún cuando es interesante observar que, según sus propias declaraciones, ese documento tiene alto grado de subjetividad al ser fundamentalmente reflejo de las “convicciones intelectuales y morales” de sus autores.
El informe de UNASUR sobre los enfrentamientos en Pando hace parte de un contexto de subordinación del indígena y refuerza la imagen colonialista que se tiene del indio. Al afirmar que los sucesos de Pando no es enfrentamiento y sí una masacre, se valora la imagen romántica del indígena pacífico, ante un enemigo atroz que una vez más lo masacra arteramente. Así, el indio no combate, pues combatir significa pensar y actuar, tener una idea política y una estrategia militar; el indio sólo cae en emboscadas, cual silvestre animalito en vías de extinción. Y de la misma manera que para sensibilizar a los habitantes del “primer mundo” sobre la necesidad de preservar a las focas, se muestran imágenes sangrantes y atroces de las crías de focas, degolladas y despellejadas por cazadores sedientos de ganancia fácil, se insiste ahora sobre las imágenes de orejas cortadas, ojos vaciados y bebés muertos en los brazos de sus madres.
¿Esta imagen sirve al indio y a su causa? Si el indígena asume los mitos coloniales para liberarse, solamente se encadenará más fuertemente a la postración social y política. El colonialismo ha creado el mito del “buen salvaje”. El indígena no es ni “buen” ni “mal” salvaje, es un ser social con derechos conculcados y con un futuro de liberación, que solamente puede ser obra de él mismo.
El mito del “buen salvaje” sirve únicamente para negar al indígena una calidad humana. Al otorgarle dimensiones meta sociales y cosmogónicas, se lo aleja de la función banal y corriente que es la de dirigir él mismo su vida social, económica y política. Es decir, se asegura el gobierno de otros sobre el indígena.
El informe de UNASUR hace parte de esa mitología y tiende a consolidar cierta imagen del indio para confortar el poder de quienes se dicen ser sus representantes o defensores.
Lo que sucedió en Pando fue un enfrentamiento y eso deben valorarlo correctamente los pueblos indígenas y sus organizaciones. Fue un enfrentamiento como hubo bastantes en nuestras historias. Si este enfrentamiento se produjo y terminó desastrosamente para los indígenas, es porque fue arteramente conducido a la masacre por el actual gobierno de Bolivia.
En Santa Cruz primero, luego en Cochabamba y en Sucre y recientemente en Pando, el gobierno del MAS, incapaz de poder afrontar a sus detractores, se esconde bajo su apariencia indígena llamando a los pueblos originarios y a las organizaciones sociales que hagan ellos el trabajo de deshacerse de sus opositores. En San Julián, en Montero, en los mercados de Santa Cruz, en la ciudad de Cochabamba, en Sucre y recientemente en Porvenir, el actual poder empuja al enfrentamiento a los indígenas y luego los abandona al escarnio y a la masacre.
Esta simbiosis perversa del gobierno del MAS y de sus aliados internacionales, entre un discurso ilusorio, cosmovisionista y folklorista y una práctica inclemente, manipuladora y maquiavélica sobre el indígena, empieza por tener los resultados que conocemos y puede culminar – si no se modifican las actuales circunstancias – en un fundamentalismo indígena que arrasará en primer lugar a quienes hasta ahora lo maniobran.